No entiendo a la sociedad latinoamericana. Vota a la derecha que le quita derechos, la caga a palos y le roba el futuro.
Hay algo que no cierra. Que no se puede explicar con una encuesta ni con un focus group. ¿Cómo puede ser que el pueblo latinoamericano vote a quien lo desprecia? ¿Cómo puede ser que el hijo del obrero vote al patrón que lo quiere sin vacaciones, sin aguinaldo y sin indemnización?
No lo entiendo.
América Latina es el continente más desigual del planeta. Y sin embargo, cada tanto, le agarra un ataque de amnesia y vota a la derecha. A la misma derecha que siempre hizo lo mismo: quitar derechos, reprimir y prometer que la miseria es libertad.
Votan a quien les dice que el Estado es el enemigo. Pero cuando se enferman, corren al hospital público que ese Estado construyó. Votan a quien les dice que los sindicatos son una mafia. Pero después lloran porque los echaron sin un peso y nadie los defiende. Votan a quien les dice que la universidad pública es un gasto. Y después se sorprenden porque sus hijos no pueden estudiar.
Es masoquismo político.
La derecha latinoamericana no oculta nada. No engaña. Lo dice clarito: voy a sacarte la indemnización, voy a sacarte los remedios gratis, voy a privatizar el agua, voy a bajarte el sueldo. Y la gente lo vota igual. Aplaude. Se pone la gorra y grita "viva la libertad" mientras le meten la mano en el bolsillo.
Y cuando sale a la calle a reclamar por lo que le sacaron, la misma derecha que votó la caga a palos. Con la policía, con los gases, con la ley. Y le dice que es un delincuente por pedir comer.
¿En qué momento nos convencieron de que tener derechos es un privilegio? ¿En qué momento el trabajador empezó a creer que es de derecha? El trabajador no es de derecha. El trabajador es trabajador. Si vota a la derecha, vota contra sí mismo.
Milei en Argentina, Bolsonaro en Brasil, Kast en Chile, Noboa en Ecuador. El mismo libreto. El mismo ajuste. El mismo final: los ricos más ricos y los pobres más pobres. Y la clase media, esa que se cree oligarca porque se compró un auto en cuotas, mirando cómo se le va la vida entre la tarjeta y el alquiler, pero convencida de que el problema es el pobre que cobra un plan.
Nos redujeron a la mínima expresión. Ya no soñamos con progresar. Soñamos con llegar a fin de mes. Ya no soñamos con la casa propia. Soñamos con que no nos aumenten el alquiler. Ya no soñamos con viajar. Soñamos con poder comer todos los días.
Nos sacaron la expectativa de desarrollo personal. Nos convirtieron en sobrevivientes.
Y lo peor es que lo votamos nosotros.
No es que la derecha ganó por inteligente. Ganó porque nosotros nos olvidamos de quiénes somos. Nos olvidamos de que este continente salió adelante con el Estado, con la escuela pública, con la universidad pública, con el hospital público, con la paritaria, con el sindicato.
Hasta que no entendamos que nadie se salva solo, vamos a seguir votando a nuestros verdugos y aplaudiendo mientras nos pegan.
Escribe. Jorge Luis Atencio
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