Luz Santangelo Carrizo "Hay algo profundamente preocupante en los hechos que conocimos en los últimos días".
La secretaria de Comunicación y Planificación Pública realizó un duro posteo en sus redes sociales a cerca de los ultimos acontecimientos que involucran al presidente, Javier Milei.
La funcionaria dijo "Por un lado, Fernando Cerimedo que intentó asesinar a su ex pareja. Por otro, la revelación de una estructura de trolls y bots vinculada a él, que es uno de los principales estrategas digitales del mileísmo". Y, al mismo tiempo, Javier Milei burlándose nuevamente de los pañuelos verdes y de una lucha que representa años de organización de las mujeres argentinas.
A primera vista podrían parecer temas distintos. Pero no lo son. Porque detrás de cada uno aparece la misma matriz cultural y política, la del odio como herramienta, la agresión como método y la deshumanización del otro como práctica cotidiana.
Cerimedo no es un actor aislado. Durante años fue una pieza central de la maquinaria comunicacional que acompañó el crecimiento político de Milei.
Una maquinaria basada en la confrontación permanente, en la estigmatización de adversarios, en las campañas de hostigamiento y en la idea de que quien piensa distinto debe ser atacado, humillado o destruido públicamente.
Por eso la discusión no pasa solamente por una granja de trolls. Ni el el color del pañuelo. Lo verdaderamente grave es la concepción política que hay detrás.
Buscan convertir el odio en una herramienta de construcción de poder. Y cuando ese mismo espacio político elige atacar sistemáticamente al feminismo, burlarse de los pañuelos verdes o ridiculizar las demandas de las mujeres, lo que hace es reforzar esa misma lógica.
No porque exista una relación directa entre un discurso y un delito. Pero sí porque los discursos construyen climas sociales. Definen qué se legitima, qué se condena y qué violencias se naturalizan. La marea verde nació para denunciar una realidad que algunos preferían ocultar: la violencia que viven miles de mujeres. Por eso resulta tan significativo que el Presidente de la Nación los convierta en objeto de burla justo cuando seguimos viendo casos extremos de violencia de género y mientras aparecen estructuras organizadas para perseguir y hostigar desde las redes.
Durante años nos dijeron que el problema eran las feministas, los organismos de derechos humanos, los periodistas críticos o quienes cuestionaban al poder.
Sin embargo, una y otra vez aparece lo mismo: intolerancia, persecución, operaciones digitales y una narrativa política que necesita enemigos permanentes para existir. El problema nunca fueron los pañuelos verdes. El problema es una cultura política que transformó el odio en identidad, la agresión en estrategia y la violencia en lenguaje.
Y cuando esa cultura llega al gobierno, deja de ser un problema de las redes sociales para convertirse en un problema de la democracia, cerró su posteo Luz Santangelo Carrizo.
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